El misterio de las Torres d’en Lluc

136

Las Torres d’en Lluc conforman uno de los grandes misterios de la historia de Eivissa: se trata de un recinto amurallado en una de las zonas más abruptas de la isla, protegida por acantilados de la Mola d’Albarca y a la que sólo se llega por un sendero que parte de es Camp Vei. Además, esta zona nunca fue habitada. Quince años atrás, una excavación dirigida por el arqueólogo del Consell Insular, Joan Ramon, trató de desvelar el enigma.

¿Qué pinta un recinto defensivo en la accidentada costa de Sant Mateu, uno de los puntos más remotos de la isla y donde no vivía nadie en sus alrededores? Esta es la pregunta que se hacen desde hace décadas los historiadores y que los arqueólogos no han podido desentrañar jamás. Y, probablemente, nunca podrán hacerlo.

Porque las Torres d’en Lluc ya fueron objeto de una excavación.

Pero los trabajos defraudaron las expectativas iniciales para aclarar el origen de esta muralla (no se encontraron vestigios de que fuera usada ni habitada). O tal vez no defraudaron, porque así sigue vivo el misterio que siempre ha envuelto a este muro defensivo, de metro y medio de ancho y del que se conserva un tramo de 90 metros de longitud (aunque se cree que llegó a los 200 metros). Pero el nombre lo recibe por las dos torres que sobresalen en su parte occidental, sin parangón en el resto de la arquitectura defensiva de la isla (tienen forma rectangular aunque ovalada en sus polos).

Buena parte de la muralla fue desmontada a principios del siglo XX por los payeses, que aprovechaban sus piedras para levantar paredes de piedra para el cultivo (la pobreza de la isla hacía que se aprovechara una tierra tan escarpada como ésta de La Mola de Albarca para sembrar árboles de secano o cereales).

Lo único que lograron aclarar los trabajos de excavación, dados los nulos restos encontrados, es que el recinto fue levantado entre las postrimerías del alto imperio romano y los inicios de la dominación catalana. Pero quién necesitaba protegerse y de qué, jamás se sabrá. Eso sí, la visita vale la pena por las panorámicas de Cala Aubarca i es Ais.

Para llegar a este misterioso punto de la isla, donde podremos contemplar unas espectaculares vistas de la costa del municipio de Sant Antoni, hemos de llegar a Santa Agnès y tomar la pequeña carretera que parte en dirección a Sant Mateu. A medio camino y dejando a mano derecha un pozo típico ibicenco encontraremos un camino que sale a mano izquierda que se bifurca nada más comenzar. Para llegar a las Torres d’en Lluc debemos tomar el desvío a la derecha. Después hay que avanzar y dejar el vehículo al final de la vía para tomar un sendero por el que debemos andar por espacio de 15 minutos. La visita vale realmente la pena. Para aprovechar la jornada, recomendamos almorzar en Can Cosmi, un restaurante de Santa Agnès donde podrán degustar algunos de los platos tradicionales de la cocina ibicenca. Elaboran una tortilla española única… y a un precio francamente razonable.