Font d’en miquelet o d’en joan armat, el rincón del archiduque

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Las fuentes y pozos adquiren connotaciones reverenciales en unas islas secas como las Pitiüses. La tradición pagana para festejar la cosecha de cereales se mantuvo en estos lugares con las ballades de verano. En ellas también se ambientan buena parte de las leyendas de la mitología local. Y algunas, como esta Font d’en Miquelet, incluso pueden dejar embobado a un joven criado en la pompa de la corte austrohúngara.

El nombre original de esta fuente es Font d’en Miquelet, pero el archiduque Luis Salvador de Austria la bautizó como Font d’en Joan Armat por el nombre de la finca donde se encuentra, a unos dos kilómetros al este de Santa Gertrudis. Ambos nombres se identifican en la señal que, junto al camí Vell de Sant Mateu, indica el sendero que da acceso al rincón que en 1867dejó prendado al melancólico miembro de la casa real austriaca.

“Los alrededores de las fuentes se distinguen por su flora exuberante y por su frescura, que destacan notablemente entre el resto del paisaje”. La exuberancia que citó el archiduque ocultaba buena parte de este paraje hasta hace un par de años, cuando se restauró la fuente y se deforestó la maleza de su alrededor. Aunque siga destacando un frondoso cañaveral y, sobre todo, un retorcido algarrobo que, desafiando la gravedad, se erige lateralmente desde la roca que enmarca el camino, como si quisiera formar un arco de entrada al recinto de piedra seca.

Porque no es solo la fuente, ya que hay todo un conjunto con alberca de regulación, noria, un puente sobre el pequeño torrente y unas enormes paredes que cierran la finca de ca n’Armat. Aunque ahora sería can Philippe Rottier, porque es propiedad del arquitecto belga, uno de los mayores estudiosos y divulgadores de la casa payesa (no en vano, la casa que se divisa desde la fuente es una de las más pintorescas y espectaculares de la isla).

Con la reciente restauración de esta fuente también se recuperó su mayor peculiaridad: unas pinturas murales de almangra (almàguena), con motivos geométricos y florales, que decoran la capilla de la fuente. Se supone que este ‘graffiti’ se realizó en 1823, ya que en la alberca colindante, en la que las paredes lucen el mismo tipo de pinturas, esa fecha está grabada sobre la argamasa.