Patrimonio

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Ibiza-Eivissa “CIUDAD PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD”

Dalt Vila, la necrópolis púnica de Puig des Molins, el poblado de sa Caleta y la posidonia oceánica fueron los justificados pilares que sustentaron en su momento la declaración de Ibiza como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 

Le invitamos a que conozca la historia de un entorno único tomando como referencia el libro escrito por el historiador y escritor ibicenco Antoni Ferrer Abárzuza (editado por el Grupo Ciudades Patrimonio de la Humanidad), ‘Ibiza, ciudad Patrimonio de la Humanidad’. Es éste un volumen que recomendamos a quienes quieran conocer en profundidad lo que Ibiza ofrece al visitante.

 

–     El puerto: Fue hace 150 años una abundante marina, mercante y corsaria, que marcaba el ritmo de toda la ciudad. Lo que antaño eran pequeñas tiendas de comerciantes y almacenes son hoy en día un concurrido punto de encuentro del turismo durante los meses de verano y ofrecen moda con marcado acento ibicenco. Escala de las rutas del Estrecho y de Oriente, nutrida por diferentes culturas, la ciudad de Ibiza y su puerto han sido y son el alma de nuestra civilización. Los fenicios fundaron el puerto y la ciudad porque les permitía una estación segura para sus naves.

–     Las murallas renacentistas: Establecen la separación entre Dalt Vila y el resto de la ciudad y de la isla. Su función era crear una zona desde donde defenderse de los ataques y resguardarse de los mismos. Las murallas han existido en este lugar casi desde siempre, de una u otra forma y resistencia, puesto que las fuentes clásicas ya las describen como fuertes y poderosas y aparecen en los textos medievales hasta el siglo XV. En las postrimerías de la Edad Media, las murallas se describen como inútiles y ruinosas como consecuencia de la eficacia de las nuevas armas de pólvora. “A mediados del siglo XVI, el imperio de Carlos I, regentado ya por Felipe II, debe protegerse de las escuadras turcas y se fortifican las plazas costeras, entre ellas Eivissa (Ibiza). Así recibió la isla el monumento que hoy admiramos: unas murallas entonces modernísimas, preparadas para el combate artillero. Se construyeron en unos 20 años, plazo relativamente breve para la época, dejaron inútil el anterior cinturón, todavía visible en algunos puntos de Dalt Vila, y sirvieron para ampliar el espacio intramuros, doblando casi el espacio de la villa medieval”, explica el libro ‘Ibiza ciudad Patrimonio de la Humanidad’. En la construcción de la fortificación tomaron parte dos ingenieros italianos, Giovanni Battista Calvi y Jacomo Peleazzo. Este último modificó el proyecto inicial para aumentar la superficie.

–     Patio de armas: La puerta principal de acceso a Dalt Vila se abría hacia el puerto, donde se desarrollaba gran parte de la vida cotidiana, se reparaban y construían las naves, se almacenaba la mercadería y donde, además, residían buena parte de los marineros de los barcos de sal y todos los pescadores. Esta bella portalada renacentista que nace a pocos metros desde donde en la actualidad se ubica el Mercat Vell (Mercado Viejo) de Ibiza se denomina Portal de ses Taules (de las tablas) en referencia a su puente levadizo. Aunque menos conocido y popular, también recibe el nombre de Porta de Mar. El escudo de la monarquía de los Habsburgo preside el arco de medio punto de la entrada principal del recinto, flanqueada por dos estatuas romanas

–     Bastiones: Construidos para emplazar la artillería, constituyen hoy esplendidos miradores. “Ellos mismos son dignos de detallada observación: sus muros de talud ornamentados con una moldura de piedra, sus parapetos con o sin troneras, sus garitas, sus casamatas de bóvedas protegidas por potentes rellenos de tierra de las bombas enemigas… Otros muchos detalles aparecen en la muralla: escudos de la corona de Aragón sobre las puertas, o las heráldicas del gobernador contemporáneo a las obras”, relata el libro del historiador Ferrer Abárzuza.

–     Baluartes: Santa Tecla, Sant Jordi, Sant Pere, Sant Bernat, Sant Jaume, Sant Joan, Santa Llúcia, Sant Lluc, Santa Bàrbara y Portal Nou son los nombres que reciben los baluartes de esta fortificación del siglo XVI, “plataformas amplias desde donde batir al enemigo asaltante con fuego de fusilería o de cañón”, según describe el libro ‘Ibiza, Patrimonio de la Humanidad’.

–     Accesos: Inicialmente, tres únicas puertas servían de acceso a la fortificación abaluartada: Portal de ses Taules, Portal Nou y Portillo del Soto. Delante del Ayuntamiento de la ciudad de Ibiza se abrió una salida peatonal durante la Guerra Civil que servía, asimismo, de refugio antiaéreo. Más recientemente, durante la década de los sesenta, se habilitó un acceso rodado en el baluarte de Sant Joan que permitió desviar el tráfico rodado de la entrada principal.

–     Casa de armas, hoy Museo de Arte Contemporáneo: En las casamatas del baluarte de Sant Joan se edificó después de la guerra de Sucesión, que condujo a la casa de Borbón al trono hispánico, un edificio para uso militar. Hoy su finalidad es muy distinta, puesto que en el mismo se ubica en la actualidad el museo de arte contemporáneo de Ibiza. Recientemente se ha realizado en este edificio una importante reforma que ha servido para aumentar considerablemente su superficie.

–     El Polvorín: Se encuentra en el baluarte de Santa Llúcia, pero el almacén original de explosivos estalló en el año 1730, lo que se conoce como “l’any des tro” (el año del trueno o de la explosión), una expresión que todavía se usa en la isla para referirse a un hecho muy antiguo. La explosión de quintales de pólvora costó muchas vidas y afectó a los edificios cercanos, como las bóvedas de Santo Domingo, el convento de los dominicos, que fueron reconstruidas. Hoy se usa como sala de exposiciones y actos culturales.

–     Museo Puget: Narcís Puget Viñas y su hijo Narcís Puget Riquer fueron los pintores ibicencos más importantes de la primera mitad del siglo XX y los autores de un importantísimo legado impresionista que hoy puede contemplarse en un palacete de Dalt Vila.

–     Centro de Interpretación Madina Yabisa: La Casa de la Curia, construida sobre las estructuras de la antigua muralla árabe y situada frente a la Catedral, fue uno de los centros de poder de la isla, ya que en el siglo XVI era la sede de los tribunales de justicia. En la actualidad se ha reconvertido en un espacio dedicado a la divulgación del pasado musulmán de la ciudad, cuando era conocida como Madina Yabisa. La tecnología audiovisual es la vía para adentrar al visitante en la evolución histórica de la isla.

–     Baluartes de Sant Jaume y Sant Pere: Los baluartes son estructuras defensivas que sobresalen de las murallas y donde se desplegaba la artillería para hacer frente a los ataques externos. Los baluartes de Sant Pere y Sant Jaume son de planta pentagonal y están dispuestos de manera que podían defender la muralla mediante el fuego cruzado entre uno y otro. En las casamatas se ponían las principales piezas de artillería, con las que se defendían amplios espacios del pie de la muralla. El baluarte de Sant Jaume tiene dos casamatas, una orientada al norte y otra al sur, las cuales se han museizado para divulgar el papel de la artillería en la fortificación renacentista y el diseño de ésta. El baluarte de Sant Pere está situado en la esquina noroeste del recinto, junto al Portal Nou y se accede a su interior a través de la Plaza del Sol. La superficie del baluarte sirve para acoger actuaciones al aire libre, mientras que en interior se han instalado paneles informativos y una escenografía histórica sobre el uso de la artillería así como el trabajo de los ingenieros y maestros de obra de la muralla.

–     Plaza de la Catedral: Esta plaza corona la cima de la colina sobre la que se levantó la ciudad y da paso a los dos monumentos más importantes: el castillo (ahora en obras para acoger un Parador Nacional) y la Catedral. Alrededor de la misma también se reparten algunos de los edificios que albergaron los centros de poder de la antigua ciudad, como la casa común o Universidad, la capilla del Salvador, la curia, la corte judicial, la residencia del obispo, el cadalso, el cementerio de la villa, la lonja o la plaza de subastas. En los edificios de la calle que da acceso a la plaza también se albergaban las familias más adineradas de la isla, los conocidos como “señoritos” de Dalt Vila, ya que no había nobles en la isla.

–     La zona baja de Dalt Vila: A medida que uno desciende desde la zona alta y señorial de la ciudad amurallada, las viviendas son cada vez más humildes y de menor tamaño. En la parte intermedia, conocida como Vila Nova (Villa Nueva) se instalaron las familias de la burguesía mercantil entre los siglos XVII y XIX.

–     El Mercado: En la Edad Media el mercado estaba ubicado en la Plaza de la Catedral, sin duda un lugar incómodo al situarse al final de calles escarpadas y estrechas. Su traslado creó una nueva plaza, la actual Plaza de Vila, que entonces se extendía frente al acceso principal de la muralla medieval. La construcción de la definitiva murada renacentista esta plaza quedó intramuros y el mercado bajó de nuevo a la que es su ubicación actual, a los pies del portal de ses Taules.

–     Las Murallas Medievales: Aunque nunca fueron derribadas para construir la fortificación renacentista, los propios habitantes de Dalt Vila fueron ocupando las antiguas estructuras defensivas para agrandar sus casas, de manera que hoy quedan pocos restos visibles de su trazado. Encontramos algunas  excepciones en la calle Sant Josep, en las excavaciones arqueológicas de la ronda de Calvi, en el Museo Arqueológico y en la Curia. Pero el resto de  murallas árabes más importante es la puerta conocida como sa Portella, que enlazaba la parte alta de la ciudad con el acceso al puerto.

–     Las Iglesias: Como el fin del dominio musulmán de la isla fue debido a la toma por parte de las tropas enviadas por el arzobispo de Tarragona, Eivissa pasó a formar parte de esa archidiócesis y no fue sede de un obispado hasta 1785. El convento de los dominicos se fundó en el siglo XVI y fue disuelto tras la desamortización del siglo XIX y ahora las antiguas celdas forman parte del Ayuntamiento de la ciudad. No obstante, la capilla de los frailes conserva su función litúrgica y hoy en día es la iglesia más rica en patrimonio artístico de la isla, ya que las familias ricas de la ciudad eran devotas de este templo y muchos de sus miembros fueron inhumados en sus criptas. En el recinto amurallado también se encuentra la iglesia de l’Hospitalet, hoy sala de exposiciones, la capilla del Convento de Predicadores y la pequeña capilla de San Ciriaco, por la que, según cuenta la leyenda, entraron las tropas catalanas que conquistaron la isla gracias a la traición de un hermano del jeque árabe.

–     El Puerto: Tras la construcción de las murallas, alrededor de las instalaciones portuarias se fue creando un núcleo extramuros y el barrio de La Marina fue creciendo hacia el este, hasta llegar a los acantilados y crear el barrio de Sa Penya entre las murallas y el puerto. La Marina debe su nombre a su estrecha relación con el mar y acogió la Drassana (atarazana) en la que se construyeron barcos de porte, una actividad que tuvo su auge en el siglo XVIII y que llegó hasta principios del XX. El muelle actual es fruto de la ampliación que se hizo entre el siglo XIX y XX, cuando se levantó el dique de abrigo que se conoce como “el muro”.

–     Monumento a los Corsarios: El hecho de ser una isla convirtió a las islas Pitiusas en un botín apetecible para los piratas turcos y berberiscos. De hecho, la isla de Formentera estuvo despoblada hasta finales del siglo XVI y era una base de estos piratas. A su vez, los corsarios ibicencos, que no eran más que piratas con autorización del rey (patente de corso) fueron siempre muy activos y alcanzaron su época de mayor actividad en el siglo XVIII. Combatían contra los piratas norteafricanos, contra franceses e ingleses. Sus gestas se recordaban con admiración y sus figuras se rememoraron con un aire de leyenda y romanticismo hasta que en 1916 se erigió un monolito como homenaje.

–     El Mercat Vell: En la parte central del barrio de La Marina, frente al espectacular Portal de ses Taules, se levanta este edificio rectangular de columnata y cubierta neoclásica pero de una sencillez sin pretensiones y que acoge un mercado de frutas y verduras. Se inauguró en 1873 en sus aledaños se encuentra la antigua pescadería, de planta poligonal. Esta zona da paso a Sa Penya, con sus rampas escalonadas y serpenteantes.

–     Sa Penya: El antiguo barrio de pescadores, con sus pequeñas casas blancas y estrechas calles, recuerda al entramado que se encuentra en la parte baja y humilde de Dalt Vila. Los antiguos habitantes de Sa Penya fueron abandonando la zona, que entró en un grave proceso de degradación que en los últimos años se intenta corregir con diversos planes de rehabilitación.

–     Necrópolis del Puig des Molins: Tanto en Dalt Vila como fuera de las murallas se han encontrado restos de la que fue la ciudad púnica y romana, cuya superficie e importancia fue mayor que la de tiempos medievales. Buena prueba de ello nos la da la necrópolis del Puig des Molins, el cementerio de la ciudad antigua. Los descendientes de los fenicios primero y sus herederos cartagines después enterraban a sus muertos en cámaras subterráneas (hipogeos), donde los cuerpos inhumados permanecían junto a utensilios y herramientas que debían usar en el tránsito para la otra vida. Esto fue un enorme atractivo para los saqueadores de los objetos funerarios que se repartían entre los tres mil hipogeos que se abren en el cerro. Todavía hoy se conservan numerosos vestigios de este pasado púnico que ha nutrido el museo monográfico que se encuentra en la misma necrópolis, la mejor conservada del mundo cartaginés. Las primeras tumbas, de incineración, pertenecen al siglo VII a. C., pero la cultura de los hipogeos se remonta los siglos siguientes. Los romanos de Ebusus e incluso los musulmanes de Yabisa también se enterraron allí, aunque entonces ya se usaba el monte para cultivo. Los molinos que dan nombre a la colina empezaron a levantarse ya en el siglo XVI, y es en el siglo XX cuando se intensificaron las excavaciones en la zona hasta convertirla en Monumento Nacional primero y Patrimonio de la Humanidad en la actualidad.

–     Es Soto y Ses Feixes: Es el terreno yermo y abrupto que se encuentra al sur de la ciudad, encajado entre la muralla y el mar. Su superficie despejada permite contemplar sin obstáculos el recinto fortificado, el mar, las numerosas islas que se reparten entre es Freus y Formentera. Al otro lado de la ciudad, al norte de la bahía, se encuentra una amplia extensión de tierras que procedían de los torrentes del interior de la isla, Ses Feixes. En ellas, los árabes diseñaron un original y complejo sistema de regadío que favorecían abundantes y ricas cosechas con las que se alimentaban los habitantes de la ciudad. Cada huerto era un rectángulo rodeado por los canales de regadío, como pequeñas islas separadas unas de otras. A cada parcela se accedía por unos pequeños puentes tras los que se levantaba un portal de piedra y argamasa encalado, de los que todavía se conserva un buen número.

–     Ses Salines: La importancia de Eivissa a lo largo de la historia se debe a la productividad de sus amplísimas salineras, al oeste de la ciudad. Sus linderos geométricos y los espejos de los estanques junto a los montes y el mar conforman un paisaje de una belleza singular que además alberga numerosas especies de aves. Hoy en día combina la producción de sal con su protección como parque natural.